«Porque mi historia con los rizos no empieza en redes sociales. Empieza con unas tijeras, una mirada y un sueño.»
Salí de la academia sabiendo lo justo.
Y con mucho miedo.
Hasta que llegué a Donosti, a la peluquería de Iñaki Sagarzazu y Marian Álvaro, y descubrí que esto no iba solo de peinar.
Iba de crear.
De conectar.
De transformar.
Empecé desde cero.
Y no hablo solo de técnica.
Aprendí a hablar de “usted”, porque no lo sabía.
Aprendí a mirar a los ojos, a leer a la gente antes de tocarles el cabello.
Aprendí a entender que una clienta no viene solo por un corte, viene por algo mucho más profundo.
Me llamaban “mi caserita”…
Porque ni siquiera sabía hablar bien castellano.
Pero me acogieron, me enseñaron, me impulsaron.
Allí se respiraba belleza, respeto y creación.
No era una peluquería cualquiera.
Era un lugar donde todo el mundo hablaba con cariño, donde cada peinado era una forma de expresión.
Y en ese ambiente, me fui transformando.
De niña tímida a mujer que sabía que tenía algo que aportar.
De manos temblorosas a manos seguras.
De aprendiz… a artista.
Aunque durante muchos años no supe qué hacer con los míos.
También los negué.
También los domé.
Pero ese amor por la creación, por lo natural, por lo diferente… se quedó dentro.
Y con el tiempo, los rizos se convirtieron en mi bandera.
Porque tú también puedes empezar desde la base.
Tú también puedes transformar tu historia.
Quizás no tengas claro por dónde empezar.
Quizás sientes que no sabes lo suficiente, o que no encajas.
Pero créeme: todo empieza en algún sitio.